lunes, octubre 08, 2007

The end


Esta es la última entrada que enviaré. Fueron casi dos años y medio de posteos, 125 entradas en total. Fue un buen compañero el blog. Una buen válvula. Pero como casi en todo, siempre se cumplen ciclos. Pero lo importante de cerrarlos, es abrir nuevos. Más maduros. Uno va cambiando, es la idea. Mi vida empieza una nueva etapa ahora y la finalidad de esta bitácora ya no la tengo clara. Por ahora, este espacio se cierra. Puede que se abra otro por algún lado, con otro seudónimo tan estúpido como el que utilicé acá. Y empiece de nuevo. Esperando que algo llegue más allá de mi pantalla. Se agradecen las visitas y los comentarios. A los seguidores, muchas gracias por su sintonía. A los que no les gustó, que se jodan. Me despido como Truman: En caso que no los vuelva a ver: buenos días, buenas tardes y buenas noches.

jueves, mayo 17, 2007

280 km/h


Un par de jóvenes volaron por la Autopista Central de Santiago de madrugada a bordo de un BMW M3 acelerando hasta alcanzar los 280 kilómetros a la hora. A esa velocidad se recorren un poco más de 77 metros por segundo. Se podría llegar desde Santiago a Viña en 24 minutos, o recorrer desde la Estación Central hasta Plaza Italia en el fittipáldico tiempo de 1 minuto 1 segundo. También quiere decir que al tener otro vehículo que vaya a 100 km/h adelante en el mismo carril a una cuadra de distancia, se dispone de alrededor de 2 segundos para cambiarse de pista antes de alcanzarlo (o impactarlo). A esa velocidad se intensifica un efecto óptico llamado "de cono", que distorsiona el cálculo visual para medir distancias, los objetos que se aprecian de lejos se acercan tan rápidamente que la percepción y reacción necesaria para evadirlos no es tan inmediata, eso sumado a la inexperiencia que se tiene por conducir siempre en una velocidad mucho menor -menos de un cuarto-. Un objeto quieto, por ejemplo un automóvil detenido, llegará en 1,2 segundos.

Se pueden decir muchas cosas del conductor. Un irresponsable. Un criminal. Un cuasi asesino. Un enfermo que no sólo pone en riesgo su vida y de quien esté a bordo de su vehículo, sino de todo aquel que se cruce en el camino. Y quizás todas tengan razón. Pero hay otra cosa que se puede decir: ¡ES UN PEDAZO DE AUTO, CONCHEMIMADRE!

miércoles, mayo 09, 2007

Negativo


Ya sé lo que es la angustia. Todo comenzó el viernes con un pequeño pinchacito en el brazo. Un chequeo de rutina que acostumbro a hacerme todos los años con un examen de sangre. Soy serio candidato por herencia a la diabetes así que es mejor controlarse periódicamente. Pero esta vez incluí un examen más dentro de la batería de análisis. El test de VIH. En los últimos años no he sido una tromba sexual, pero tampoco un santo. Y aunque siempre me cuidé poniéndome el gorrito de látex, la duda siempre queda. ¿Y si se escapó alguna gotita? ¿Y si tenía alguna herida? ¿Y si era una despechada vengándose de los hombres repartiendo el virus a mansalva? El porcentaje de falla del profiláctico contra la infección no pasa del 5 por ciento. Pero esa aparentemente despreciable cifra se convierte en la más grande del mundo cuando tienes que esperar tres días para saber el resultado del examen. Una película constante te lleva a un racconto que repasa todos los encuentros íntimos que tuviste. Y lo que es peor, ahora con una pareja única, estable y prácticamente definitiva, la posibilidad de dañarla y de paso cagarle la vida es imperdonable.

Es como esperar la sentencia inapelable del juez con sólo dos posibilidades: condena a muerte o absolución total. Cara y Sello. No hay matices ni grises. Blanco o Negro. Te armas todo un panorama en los dos casos. Si sale mal, esto se acaba señores, no va más. Todos tus proyectos de vida, planes, hijos, casamiento, casa con jardín y perro labrador se van a la mierda por un enemigo contra el cual no se puede luchar. La esperanza es lo último que se pierde, pero el punto en que se pierde no es necesariamente la muerte, puede ser antes. Sólo quedan posibilidades de extender la agonía, pero no de revertir el destino. Y no sé que vida es esa, de vivir sin esperanza, con el veneno corriendo por las venas y el futuro reemplazado por un gran agujero negro desde que ves el signo positivo en el resultado. Desde ese momento sabes que no te vas a morir, sino que ya estás muerto. Y sólo queda esperar que algún futuro premio nobel de medicina descubra la cura a tiempo o simplemente planear una solución con forma de soga que de repente se vuelve espantosamente razonable.

No es agradable la espera cuando has tenido conductas de riesgo. Cúidense muchachos y muchachas. Y háganse el test. Es mejor asegurarse de una vez que vivir con miedo toda la vida y dañando sin saber a las personas. No saben el alivio que sentí cuando vi el negativo en el resultado. Ahora, a portarse bien y con ella y nadie más que con ella.

lunes, abril 30, 2007

Animales de costumbres



Se juntaron varios científicos, entre ellos zoólogos, sociólogos, veterinarios y antropólogos para realizar un experimento con chimpancés. El experimento consistía en disponer una jaula con diez monos chimpancés adultos y en el centro, una escalera de tijera que permitía alcanzar una banana que colgaba del techo de la jaula. Se encerraron los diez chimpancés y del techo se dejó colgar el plátano. La reacción del mono más cercano a la escalera fue obvia. Subió la escalera -que sólo permitía un mono en el tope a la vez- para alcanzarla. Pero al intentar tomar el fruto, una lluvia de agua mojó a todos los monos que no estaban en el tope de la escalera. Sucesivamente, se dejaban colgar más bananas y algún chimpancé osado subía a la escalera, recibiendo todos sus compañeros el baño correspondiente. El condicionamiento llevó a los monos a tratar de evitar el molesto chorro de agua que les caía cada vez que alguien de la jaula subia la escalera. Así que comenzaron a agredir a golpes a cada mono que intentara siquiera acercarse a la escalera. Renunciaron a la banana, a cambio de no seguir siendo empapados. Los diez monos aprendieron la lección. En una segunda fase, un mono al azar es sacado de la jaula, reemplazándolo por otro que nunca estuvo en ella. Apenas llegada a la comunidad enjaulada, la primera reacción del novato al ver una banana colgando del techo, una escalera para acceder a ella y además ningún otro disputándola, fue lógica: Se enfiló directamente hacia la escalera. Pero antes de llegar a ella, inexplicáblemente para él, recibió una paliza de parte de los otros nueve monos. Posteriormente hizo varios intentos más por escalar, con igual tratamiento de parte de sus pares. Se resignó entonces y desistió de la banana. El experimento continúa de igual forma, reemplazando un mono cada vez. El mono nuevo siempre va a intentar alcanzar la banana e indefectiblemebte es golpeado por los demás sin conseguir su objetivo. Se realizan múltiples reemplazos de chimpancés hasta que en la jaula sólo se encuentran especímenes que nunca han sido mojados. Sin embargo, al introducir a otro mono, recibe la misma paliza de los demás al acercarse a la escalera. El último mono en entrar también trató de alcanzar la banana y fue brutalmente pateado por los demás. Preguntó, adolorido y gimiendo "¿Qué les pasa? ¿Por qué me pegan?". Y otro mono le responde "Mira, en realidad no tengo idea, pero LA HUEÁ SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ"

jueves, marzo 29, 2007

Día del joven delincuente



Santiago Centro, 14:20 de la tarde y vuelvo a experimentar en garganta, nariz y ojos las partículas de gas lacrimógeno presentes en la atmósfera. Poco a poco, con el caminar apurado afloran gotas de sudor en la frente que reaccionan con el químico provocando una irritación y ardor bien poco agradable en toda la cara. Minutos antes, un par de turistas gringos se refugiaron en el lobby del edificio de la empresa, con sus rostros y ojos enrojecidos, tosiendo con dificultad, pero curiosamente muertos de la risa. Los envidio, por un momento. Es una postal jocosa, casi una anécdota para ellos salir a pasear por la principal avenida de ese país lejano, perdido en el culo del mundo y encontrarse de pronto en medio de un tumulto de sudacas animalescos tirándole pedazos de la ciudad a la policía, que los corretea con chorros de agua y gas. Los envidio, porque volverán a su primer mundo a contar lo pintoresco que es por acá, pero que es mejor allá.

La autoridad tranquiliza a la población mostrando la gloriosa incautación de elementos para la subversión. El ministro informa orgulloso que se encontraron diversos químicos... en un laboratorio de química. Y sables destinados para la agresión... pero que pertenecían a un grupo universitario de baile africano que desarrollaba sus performances con ellos. La oposición se frota las manos y hasta agradece que pasen estas cosas, que quede la escoba, que no hayan micros y se paralice la ciudad, porque sabe que las ovejitas no piensan y que tarde o temprano se van a cambiar de rebaño, aunque sea a comer pasto podrido. El poder es un circo.

La gente sale temprano de sus trabajos, sin embargo no hay transporte que se atreva a pasar por el campo de batalla y las estaciones del metro cierran sus trincheras subterráneas. En la calle, una fauna de pendejos encapuchados se "manifiesta". Qué gran fecha para sentirse libres de soltar el descontento arrojando letreros de ceda el paso contra los ventanales. Qué orgullosos se sentirían los hermanos Eduardo y Rafael Vergara Toledo al ver qué homenaje les han hecho sus seguidores al instaurar un día de terror al año para recordarlos. Pero qué clase de manifestación es ésta llena de pergenios demostrando su descontento. Descontento de qué, mierdas apingüinadas, si aún no saben dónde cresta están parados. Te quiero ver, pendejo, en unos años más cuando tengas que mantener una familia, cuánto valorarás trabajar tranquilo y lo importante que es para tu país y para tí una sociedad con voz que venga de la cabeza, no de la piedra que lanzas a la micro. Te quiero ver, animalito que pateó al carabinero por la espalda, a quién vas a llamar cuando se estén metiendo a tu casa a robarte aquello por lo cual te has sacado la mierda por tener. Te quiero ver, acéfalo lanzador de camotes al hospital, pensando qué pasaría con un familiar tuyo en la UCI, muerto por un inexplicable piedrazo. Te quiero ver, insano pseudouniversitario con una botella de bencina prendida, en el futuro cercano lamentándote por no haber luchado con ideas, con opinión y con cerebro. Los quiero ver revolucionarios al peo, cuando aprendan a leer y se enteren cuál es la revolución que necesitamos. Me gustaría ver si al menos son tan hombrecitos para "combatir" descapuchados, y al menos afrontar las consecuencias de sus actos. Los quiero ver pedazos de lumpen, cuando necesiten un país como la gente y no lo tengan.

Pero eso por ahora, es mucho pedir.

sábado, marzo 17, 2007

Reescribiendo la Historia


Me parece que el miércoles pasado empezaba a emitirse una serie-documental de corte histórico en el canal nacional TVN basada en acontecimientos ocurridos en la Guerra del Pacífico, que enfrentó a nuestro país con Perú y Bolivia hace unos 128 años. Las relaciones con nuestro vecino del norte, Perú, andan medias tambaleantes por lo que el canal decidió suspender el estreno de la mentada serie para no herir susceptibilidades, preso de, aunque no lo quieran reconocer, una presión y evidente pauteo desde La Moneda. Es verdad que la historia la escriben los ganadores de las guerras, es decir nosotros, pero -pensaron ellos- "para qué meter el dedo en la llaga en un momento delicado". Así que para evitar roces y conflictos diplomáticos innecesarios propongo a los guionistas y creadores de la serie "Epopeya" efectuar algunos cambios en la historia para que todos queden contentos y se diviertan por igual. Libero entonces, los siguientes argumentos de series que pueden ser usados a discreción por el área dramática del canal.

El peruano contraataca

Arturo Pran Kenobis fue un maestro quetejedi cuando joven, que apadrinó a Anakin Grau cuando éste aún era un infante, algo descarriado, pero con grandes aptitudes en el uso de la Fuerza. Con algunos reparos del consejo de maestros, principalmente del maestro Soda, Pran Kenobis comenzó el entrenamiento de Anakin para convertirlo en un quetejedi. Pero el joven Anakin fue tentado por el lado oscuro de la Fuerza de la confederación Perú-Boliviana y se transformó en un oscuro Sith. Arturo Pran Kenobis debía enfrentarlo y matar a su propio ex discípulo para equiparar la Fuerza en el Océano Pacífico. Para esto, en medio de una batalla naval de proporciones, abordó el Huáscar de la Muerte, nave construída especialmente para dominar las costas Pacíficas, y se batió con Darth Grau en un singular combate de sables láser. Pero el siniestro Darth Grau aprendió bien las artes de los quetejedis de su maestro y lo liquidó de un certero sablazo. A la larga Kenobis se convertiría en un símbolo de la revolución, que llevaría a los rebeldes a derrotar al oscuro Imperio de la Confederación.

Esmeranic

Es la historia de dos marineros gays, Ambrosio y Juan Carlos, uno de la alta sociedad chilena de fines del siglo XIX, que, en contra de las refinadas aspiraciones de su acomodada familia, decidió dejar su destacada membresía aristocrática para enrolarse en la armada principalmente por dos razones: para luchar por su país y porque encontraba que se veía muy lindo de marinero. A bordo del Esmeranic conoció a otro marinero con el cual se involucró sentimentalmente durante los días previos a un combate naval en las cercanías de Iquique. El marinero en cuestión era de las primeras generaciones de los flaites, que se metió a la armada para probar suerte después de trabajar de travesti en las salitreras y en el circo Tolomeo, precursor del Timoteo. A diferencia del otro era muy pobre, por lo tanto no era gay, sino que maricón no más. Acostumbraban a mariconear en la proa del Esmeranic, con la cara al viento, cuando Ambrosio tomaba por atrás a Juan Carlos y extendía sus brazos y le decía "¿Sientes que vuelas papito?". Su romance terminó abruptamente con un espolonazo de un Iceberg con forma de barco que los atravesó al mismo tiempo. Murieron felices, eso sí.

Flores Gump

Flores Gump es un muchacho con un retraso mental evidente, el que no le ha impedido estar presente en algunos de los hechos más importantes de la historia. Uno de los episodios más llamativos de la vida de Gump fue su participación en la Guerra del Pacífico, donde se enroló en el ejército por error ya que su deseo era meterse en un club de ping-pong. Como siempre decía su madre "La vida es como una camotera, nunca sabes dónde te va a llegar", así que fue destinado a Arica, al Regimiento 4° de línea. Allí conoce a Caupolicán Huaiquimán Curihuinca, conocido entre sus pares como "Babba" por su incontenible, incesante y espontánea salivación, un recluta mapuche, quien estaba obsesionado con poner una empresa de carros de completos. Con Babba se hicieron muy amigos, casi hermanos y prometieron que una vez terminada la guerra iban a ponerse con por lo menos dos carros. Un día la orden fue tomarse el Morro, fuertemente defendido por artillería peruana. Singularmente envalentonados con el aguardiente en el que Gump, por error, se le dio vuelta la pólvora -bizarra mezcla que posteriormente se conocería como "Chupilca del Diablo"-, los soldados chilenos hicieron toma del morro en sólo 55 minutos, absolutamente empipados. Flores sólo siguió la orden "Corre, Flores, Corre". Una vez en la cima, los militares seguían tan prendidos que hicieron un carrete con unas botellas de pisco abandonadas por los peruanos. Gump no gustó del tradicional licor, así que trató de arreglarlo con jugo de limón, creando sin querer el "pisco sour", lo que desencadenaría una eterna disputa acerca del origen de tal brebaje. Lamentablemente, Babba murió intoxicado de tanto tomar, sus últimas palabras hacia Gump fueron "¿Somo' amigo o no somo' amigos?", para luego desplomarse producto de un coma etílico fulminante. Al terminar la guerra, Flores cumplió la promesa a su amigo y se puso con un carro de completos, as y churrascos y se hizo rico. Su ejemplo lo siguen incluso algunos empresarios en la actualidad: el de cómo convertirse en millonario siendo un completo imbécil.

lunes, marzo 12, 2007

Yo nunca



Yo nunca he volado en avión, helicóptero ni he andado sobre esquíes por la nieve o en unos putos patines. Yo nunca fui boy scout, una vez quise serlo, pero nunca fui a las reuniones de los lobatos. Y en realidad no me arrepiento de no haber sido un niño vestido de huevón mandado por un huevón vestido de niño. Yo nunca pude aprender a conducir la bicicleta sin manos, nunca pude comprender cómo se podía mantener el equilibrio de la dirección sin que el biciclo tomara una dirección al azar, inestablemente zigzagueante llevando a su pasajero de bruces a la horizontalidad a ras de suelo. Yo nunca aprendí a nadar completamente. El mantener mi cuerpo a flote en una masa de líquido donde no se toca fondo se me hace casi imposible. Es por eso que no me gusta bañarme en el mar, al menos donde la profundidad obliga a mantenerse esquivando olas de un par de metros. Yo nunca he tenido un gato de mascota. Es más, odio a esas malditas alimañas. Yo nunca me he hecho un piercing ni me lo haría, llegué sólo hasta un tatuaje en el brazo en cuanto a modificaciones y decoraciones corporales. Yo nunca tuve una casa en el árbol, a pesar de que donde vivía tenía más árboles que casa. Yo nunca fui de pesca, me hubiera gustado ir con mi padre alguna vez, pero no fui más alla de agarrar pescados de plástico en una piscina de pesca milagrosa en un parque de diversiones cuando era chico. Yo nunca he salido en televisión y no me interesa salir tampoco. Yo nunca me he quebrado un hueso. Yo nunca he conducido una moto. Yo nunca he podido fabricar eructos a voluntad, de esos fuertes, que retumban. Una vez lo intenté tragando una cantidad descomunal de aire y sólo logré expulsar contenido estomacal a propulsión. Yo nunca le he salvado la vida a nadie, y si lo he hecho no me he dado cuenta. Yo nunca he matado a nadie, y si lo he hecho tampoco me he dado cuenta. Yo nunca he estado preso. Yo nunca me he agarrado a verdaderos combos con alguien. Pero el día que lo haga tengo preparado mi ganador entre los ojos o directo a los chocleros. Y si me ensaño, sé perfectamente cómo quebrar un brazo o una pierna. Yo nunca he robado. Bueno ya, ya, he comprado libros, películas, cedés, software y juegos piratas, pero eso no más. Yo nunca enganché con las drogas. Probé las "blandas" pero casi de puro mono, para estar en onda en la época de la vida en la que tienes que ser rebelde y caminar por el limbo, sólo por no tener casi nada de vida por atrás. Él último pito me lo fumé hace unos seis o siete años. Solo, en mi pieza. Me dio una volada tan paranoica que estaba absolutamente seguro de que iba a amanecer muerto. Nunca más. Yo nunca supe qué es tener hermanos, soy hijo único de nacimiento. Mi madre perdió el embarazo de mi primer hermano como a los tres meses y quedó infértil. Siempre me preguntan qué se siente no tenerlos, pero no puedo comparar. A pesar de eso, tengo hermanos elegidos que deben ser lo más parecido a los de sangre. Y yo nunca había conocido a alguien como ella. Hasta que lo hice y por ahora es lo único que importa.

miércoles, marzo 07, 2007

Conversaciones de taxi



Llegar al metro caminando significaban unos veinte minutos relajados de caminata. Ya con quince de atraso, no es mucha distancia pero es suficiente para abordar una corta carrera en taxi.

-Buenos días.
-Buenos días, joven.
-Al metro por favor.

El auto ya se había puesto en movimiento.

-Ah no... al metro yo no voy.
-¿Qué?
-¿A cuál metro va?
-Al del veinticinco pues.
-Es que es un cacho el metro, ¿sabe?. Carrera corta, me deja en el taco... ¿No ha visto la cagadita que queda ahí en el paradero?
-Sí, pero igual necesito llegar al metro.
-No, si está claro. Ya está arriba del auto, ya partimos, pero de que es un cacho, es un cacho.
-Bueno, y qué hacemos entonces, si ya estamos en camino.
-Lo llevo igual, no se preocupe. Mire yo soy de carreras largas, no llevo gente al metro, a usted no lo había visto. Yo tengo varios autos trabajando, no tengo que andar haciendo carreras cortas.
-...
-Dígame, ¿A usted le gusta andar en metro?
-Bueno, no es una cosa que me fascine pero es como lo que más me sirve para llegar a la pega.
-Pero si no se puede andar en esa custión... No se ha dado cuenta que para estos sectores no hacen nada por la gente, hasta los trenes que tiran pa' cá son pa' pobres. Fíjese acá no ponen ningún arbolito siquiera, oiga. Mire la cagadita que hay ahi en la esquina. Eso es lo que yo pienso. A mí no me gusta pelear ni discutir, ¿sabe? a mí me gusta conversar. ¿Y le sirve el metro o no?
-Si pues. Por lo menos me puedo subir acá, se anda un poco apretado, pero llega.
-Mpffff...
-¿Sabe lo que pienso yo? Esto siempre va a ser así. Esta no es una comuna rica, tampoco tan pobre, pero de clase media tirando para abajo. La diferencia siempre va a estar acá, porque quiéralo o no, la plata es lo que mueve todo e invertir acá no es rentable a corto plazo. Mejorar la calidad de vida no es prioridad acá porque acá no hay mucha plata que se devuelva en poco tiempo. Así es la cosa. El que piense que el gobierno le va a solucionar los problemas, está cagado de la cabeza. Hace un tiempo yo pensaba en esta desigualdad y trataba de imaginar cómo se puede hacer para ayudar a esta gente. Pero ¿sabe qué? Me dí cuenta que hay gente tan huevona en este país, que no vale la pena para mí hacer ese esfuerzo. Gente que vive quejándose, pidiendo soluciones, pidiendo regalos. Gente que reclama por que le queda lejos el paradero de la micro. Gente que hace escándalos porque no quiere pagar las deudas de su casa. Yo por lo menos me saco la cresta trabajando para no vivir endeudado por plata que no tengo, y no me ando colgando de los puentes con un cartel. Hay que ser muy cara de raja ¿sabe? Pregúntele a cualquiera de esas viejas que no quieren pagar si han leído un libro últimamente, o si han hecho otra cosa para salir adelante en vez de andar evadiendo sus responsabilidades y tratando de que otros le paguen lo que ellos deben. Yo por lo menos, me dedico menos a quejarme y más a ganarme la plata para salir de esta mierda, sin árboles, sin metro y sin locomoción como la gente, para irme a vivir a un lugar más tranquilo y darme los lujos que quiera y que pueda. Y los que siguen llorando, que se jodan. Si quiero andar en taxi hasta el metro es porque quiero y puedo. Eso es lo que pienso yo. Me deja por acá por favor. ¿Cuánto es?
-800, mijo.
-Gracias.
-Gracias a usted. Dios le bendiga.

miércoles, febrero 14, 2007

...Le dijo un soldado romano a Dios (cuento)



Ella sale del cubículo mohoso de la ducha y termina de rasgar lo que queda del nylon que las hace de cortina. Seca su cuerpo con una toalla áspera y resecada al sol miles de veces, la convierte en turbante y toma otra, que cuelga del clavo en la pared para enrollársela en el cuerpo, de pechos a muslos, dejando las hilachas hacia abajo, que se pegan a sus piernas, aun húmedas.

Él mira su reloj, y bosteza. Juega con su dedo sobre el buscar del celular, recorriendo cientos de contactos. Mujeres, la mayoría. Sonríe socarronamente ante cada nombre. Tiene buena memoria después de todo. Toma su vaso y sorbe medio de Jack Daniels. Extiende una línea más sobre la mesita de vidrio. Aspira. Se levanta de la reposera. Se lanza a la piscina.

Ella se peina con un cepillo casi sin cerdas, frente al espejo agrietado por la humedad, con surcos como de panel de abejas. Ante el mismo se maquilla, con un arsenal de pinturas baratas. Su cuatro hermanos menores corren tras ella, enfrascados en sus juegos de niños. Les grita, cuando la pasan a llevar y se mete el pincel del rimel en el ojo. La línea queda bien. A pesar de los nervios. Queda bien.

Él se moja la cara, se esparce un poco de perfume. Se mira al espejo que cubre toda la pared. Se acerca para ver bien los propios vasos sanguíneos de sus ojos. Amplificados. Exagerados. Los cubre entonces con los anteojos italianos que descansaban sobre su cabeza. Toma la chequera, las llaves, la bolsita y la bombilla. Está listo para salir. El lugar es algo lejos esta vez. Es algo feo. Pero es lo que hay. Por hoy.

Ella elije entre varias blusas. Relavadas una y otra vez. Jeans de feria. Chalitas chillonas de luca. Ella espera en la baranda del departamento con brillo de frutilla en los labios. Con olor a desodorante en barra. Mascando un chicle de sandía. Divisa el Jeep a lo lejos que pasa imbatible por los charcos de agua de los grifos abiertos.

Ella alucina con las luces, con la música retumbante, con él, por supuesto. Ella baila. Ella sueña. Nunca estuvo ahí y le encantó. El restaurant. La discoteque o "club" como lo llamaba él. Un mundo nuevo y fascinante. Un mundo que estaba allá bien lejos, escondido de su mirada humilde. Ni desde el block más alto podía verse. Puede que sus amigas, hermanos y todos los conocidos de la población jamás pisen estos lugares. Ella se duerme sudada y extasiada en la cama gigante del hotel.

Él necesita otra dosis. Es la última que queda. Una jalada y un trago más. Un polvo más y a dejarla. En la misma población hay buena selección. Aprovechará el viaje para comprar más. Quizás otra con ese acento tan curioso que tienen, se cuelgue del jeep mascando chicle en la ventanilla para pedir un cigarro. Otra vez.

El la deja en la esquina. Busca al dealer en el celular y aprovecha de borrarla. Viene el fin de semana y necesita más coca y otra mina.

Ella vuelve a su casa, contenta. Cansada. Mareada. Con sueño. A su pobla de siempre, pero con algo del barrio alto creciendo en su útero.

martes, febrero 13, 2007

Transantiago informa

Santiago. Decenas de pasajeron enfurecidos han decidido tomar drásticas medidas ante la poca disponibilidad y frecuencia de los nuevos recorridos del plan Transantiago. Se han registrado tomas de máquinas por parte de los usuarios exigiendo violentamente que se les traslade donde ellos solicitan.

En esta imagen, se aprecia a pasajeros apropiándose de un troncal y exigiendo "¡Llévenos a Quilicura! ¡ALTIRO!"


Y en esta otra, los enfurecidos usuarios demandaron al conductor "¡Llévenos al banco! ¡ALTIRO!"


Es todo cuanto podemos informarle. Adelante estudios.

miércoles, febrero 07, 2007

Menú del día

Big Tasty: Gran hamburguesa con queso, tomate, lechuga, cebolla y una deliciosa salsa especial para darte un gusto a cualquier hora. Advertencia: puede contener residuos radioactivos.

sábado, enero 27, 2007

De metros y transantiagos



Metro de Santiago. Estación Los Héroes. Andén dirección Escuela Militar. 8 y 35 minutos de algún día hábil de Diciembre recién pasado. Una masa de impacientes pasajeros esperan abordar el tren, o más bien luchar por un tercio de metro cuadrado de superficie de algún carro atestado. La norma es tácita, explícita, anunciada y sabida por todos. Como que la luz roja es detenerse, como decir por favor o gracias, como levantar la tapa para mear. Deje bajar antes de subir. Cinco palabras que no encuentran comprensión en el usuario promedio del metro.

El tren se detiene y abre sus puertas. Los piños de gente se abultan ante ellas, mientras se separan las hojas corredizas. No basta pedir permiso, los pasajeros que bajan deben convertirse, como en esas batallas antiguas, en fuerzas de choque para abrirse paso por el andén. Nada parece hacer entender a los que quieren entrar que se ahorra más tiempo y se optimiza el transporte facilitando el desalojo en vez de montar el carro a lo bestia, arrasando con la vieja guatona que va saliendo y de paso dejarla arriba del metro, ocupando el espacio de dos personas que seguirán esperando en el andén el próximo tren.

Pero a veces no es la vieja guatona, sino que algún empleado apurado con alma de rugbista que se abre paso por medio de contundentes tacles. Mezclémoslo con alguno que prenda con agua y la reacción en explosiva. Una mocha a combo limpio en medio del andén, tres o cuatro mangazos por lado hasta que un guardia chaqueta amarilla haga de réferi y separe a los improvisados púgiles. Lo curioso es que esto no es un invento, y pasó realmente a dos metros de mí. Igual que al bajar, en Universidad de Chile, cuando terminaba de sonar el pitido de alerta de cierre, vi con mis propios ojos un pie emerger a velocidad impresionante del tren y azotar de lleno en las nalgas de un terneado oficinista que habrá salido demasiado raudo desde el vagón, pasando a llevar a su dueño. El sonido fue seco, el golpe profundo. No fue un puntente propiamente tal, sino lo que llamaríamos un auténtico y fabuloso "colocado" con borde externo. Los testigos solo atinamos a un "Ooooh" y algunas risas espontáneas pasaban por el lado de la víctima que se dio vuelta sólo para ver cómo las puertas se cerraban y el zapato victimario desaparecía impune tras las gomas negras que sellaron el tren que se llevó al que hizo justicia a su modo, tomándola en sus manos, o sus pies en este caso. El pateado murmuró algunos garabatos, sacudióse un poco el pantalón y se encaminó con una leve cojera a la escala mecánica.

Y a propósito del Transantiago, existe una especie de paranoia colectiva por la implantación de un sistema nuevo que de un día para otro obligará a los citadinos pedestres a incorporar términos como troncales, tarjetas bip y memorizar nuevos recorridos y colores en sus transportes urbanos. Se alega desinformación, confusión y ni los propios conductores de los buses saben para dónde va -literalmente- la micro. Pero digo yo ¿Tan difícil es leer un mapa? En un país tan extraño como éste, tuvo que ser un futbolista el que explicara cómo andar en micro. Apuesto a que los principales problemas del revolucionario cambio no serán las maquinitas, los sensores, ni la tarjetita, sino la vieja que se sube o baja a mitad de cuadra, el barsa que no paga el pasaje, el me lleva por gamba o los rugbistas tacleadores que se multiplicarán en un metro cada vez más atestado. ¿O será que antes de plan Transantiago, era necesario un plan Transantiaguino para instruir a las ovejitas?

sábado, enero 20, 2007

Un buen consejo



Hoy no tengo ganas de escribir. Así que por primera vez copio algo de otro lado. Se llama "Everybody Is Free to Wear Sunscreen" escrita por la periodista Mary Schmich del Chicago Newspaper en una columna dedicada a la generación del '99. Traducción libre de su servidor.

Si pudiera ofrecerte sólo un consejo para el futuro, sería: usa filtro solar. Los beneficios a largo plazo han sido probados por los científicos, en todo caso el resto de mi consejo no tiene más base confiable que mi inestable experiencia.

Aquí les va un consejo.

Disfruta el poder y la belleza de tu juventud.
No, olvídalo.
No entenderás el poder y la belleza de tu juventud hasta que se haya apagado.
Pero créeme, en 20 años vas a mirar atrás en fotos de tí mismo que te recordarán en alguna forma que no puedes captar cuánta posibilidad quedó detrás de tí y cuán fabuloso te veías.
No eres tan gordo como imaginas.

No te preocupes del futuro.
O preocúpate, pero sabiendo que esa preocupación es tan efectiva como tratar de resolver una ecuación de álgebra mascando chicle.
Los problemas reales de tu vida son las cosas que nunca se han cruzado por tu preocupada mente.
Ese tipo de cosas que te ciegan a las 4 de la tarde algún Martes en que no tengas nada que hacer.

Haz una cosa que te asuste cada día.

Canta.

No seas imprudente con los corazones de las demás personas.
No te quedes con personas que son imprudentes con el tuyo.

Usa seda dental.

No desperdicies tu tiempo con los celos.
A veces estás delante, otras veces detrás.
La carrera es larga y, al final, cuentas sólo contigo mismo.

Recuerda los elogios que recibes.
Olvida los insultos.
Si lo logras, dime cómo se hace.

Guarda tus viejas cartas de amor.
Bota tus viejos estados de cuenta del banco.

Estírate.

No te sientas culpable si no sabes qué hacer con tu vida.
La gente más interesante que conozco no sabían a los 22 años qué querían hacer con sus vidas.
Algunas de las más interesantes personas de 40 años aún no saben.

Toma bastante calcio.
Trata bien a tus rodillas.
Las extrañarás cuando se hayan ido.

Quizás te cases, quizás no.
Quizás tengas hijos, quizás no.
Quizás te divorcies a los 40, quizás bailes la danza del pollo en tu 75 aniversario de matrimonio.
Hagas lo que hagas, no te felicites tanto ni te critiques tanto.
Todas tus opciones tienen un 50% de posibilidad.
Como todos los demás.

Disfruta tu cuerpo.
Úsalo en todas las formas que puedas.
No tengas miedo de él o de lo que los demás piensan de él.
Es el más grande instrumento que tendrás jamás.

Baila. Incluso si no tienes con quien hacerlo más que con tu habitación.

Lee las instrucciones. Incluso si no las sigues.

No leas revistas de belleza.
Lo único que hacen es hacerte sentir una persona fea.

Aprende a entender a tus padres.
Nunca sabrás cuándo se van a marchar para siempre.
Sé amable con tus hermanos.
Ellos son el mejor lazo con tu pasado y la gente que más probablemente estará a tu lado en el futuro.

Entiende que los amigos van y vienen, pero a un precioso puñado deberías aferrarte.

Trabaja duro para sortear los obstáculos geográficos de la vida, porque mientras más envejeces más necesitas a la gente que te conoce desde que eras joven.

Vive en Nueva York una vez, pero déjala cuando te vuelva duro.
Vive en California del Norte una vez, pero déjala cuando te vuelvas suave.

Viaja.

Acepta las verdades eternas:
Los precios suben.
Los políticos son corruptos.
Tú, también, envejecerás.
Y cuando lo hagas, fantasearás que cuando eras joven, los precios eran razonables, los políticos eran nobles y los niños respetaban a sus mayores.

Respeta a tus mayores.

No esperes que nadie te apoye.
Quizás tengas un fondo de inversiones.
Quizás tengas un cónyuge millonario.
Pero nunca sabrás cuando alguno de ellos desaparezca.

No juegues mucho con tu cabello o cuando tengas 40 lucirá como de 85.

Ten cuidado de los consejos que te dan, pero sé paciente con quienes te los dan.
Los consejos son una forma de nostalgia.
Aconsejar es una forma de rescatar el pasado desde el basurero, sacudirlo, tapar las partes feas y reciclarlo a un precio mayor de lo que realmente vale.

Pero créanme lo del filtro solar.

jueves, enero 18, 2007

Vergüenzas ajenas

Un día me puse a ver un programa en el Mega, que mostraba en paralelo y enfrentados, pares de realidades supuestamente opuestas. "Cara y Sello" creo que se llamaba.

En ese capítulo, aparecía un autodidacta "modelo" (de modelajes) rancagüino que había forjado su "carrera" en el mundo de modelaje a punta de esfuerzo y sacrificio. Pero su mundo del modelaje consistía en enseñarle a algunas chiquillas de la población que poco y nada sabían dónde estaban paradas cómo caminar correctamente en una pasarela según como él lo había visto en la tele. Televisión abierta, de seguro, más encima. Su academia se reducía al patio de su casa. Entre la ropa tendida, el "profesor de modelaje", como lo llamaban las ingenuas alumnas enseñaba a caminar con un libro en la cabeza y llevaba a veces a su curso a hacer algunos abdominales al pasto de la plaza. El hombre se jactaba de organizar "eventos" importantes que no eran más que pasearse "modelando" su propia ropa en escenarios de "discos" de pueblo en medio de una que otra chifladera de adolescentes provincianas que sólo querían bailar reggeton, cumbia y rancheras mexicanas, y en algún entablado emplazado en medio del barrio ensalzado por la presencia de las cámaras, claro.

Al tipo lo graban en forma de "docu-reality", ese donde algún personaje exhibe su propia vida en primera persona, hablando con una cámara que lo sigue hasta cuando va al baño. Al tipo lo pescan y lo llevan a Argentina, a conocer a un modelo profesional para intercambiar experiencias. Pero el tipo se le ve con una extraña actitud. El argentino que le van a presentar es canchero, se las sabe por libro y realmente se dedica y vive del modelaje. Conoce Europa, lugares VIP y gana bastante plata. El chileno no sabe hablar, al parecer le sobran algunos dientes, apenas ha salido de Rancagua y si viviera de lo que ha mostrado hasta ahora estaría en la miseria. Pero el pseudo modelo chileno es orgulloso. Pero no de ese orgullo positivo, sino de ese estúpido, que lo cierra a aprender sin saber absolutamente nada. Alguien cercano, seguramente su madre, le dijo "Mijito, usted no se achique ante nadie". Pero nadie le dijo que todos nacemos chicos, y que algo hay que aprender para poder pararse. El tipo empieza a exacerbar el morbo de ver a alguien haciendo el ridículo, en ese sentido no se puede dejar de ver el programa para no perderse todas las chambonadas que el pseudo model chileno comete por no saber nada de nada. El habla de "Sección", cuando quiere decir "Sesión" de fotos. Y no sabe la diferencia entre las dos palabras. No se molesta en hacerle caso al fotógrafo, porque él quiere hacer lo que quiera delante de la cámara para ser original. No sabe que el fotógrafo es como el director de la película. Desconcierta al argentino ya que no puede articular una sola frase coherente. Se pone a hablar de estilo Europeo y Americano, y lo más probable es que no sepa ubicar a Francia o Italia en el mapa. Le hablan de un "book" de fotos, fotos digitales profesionales, fotos en revistas especializadas y él va con sus fotos reveladas, borrosas, sacadas en la plaza del barrio, que muestra esparciéndolas en la mesa, con un orgullo que hace rato da risa pero que despierta la vergüenza ajena de ver a un compatriota haciendo el soberano ridículo. El tipo se enoja con el argentino que lo deja como chaleco de mono, porque el pobre tipo es tan chanta que parece que nació para ser humillado. Al final, el rancagüino se va con el estúpido orgullo al tope, sin aprovechar la oportunidad que se le dio, sin haber aprendido nada (otra vez), llevándose un ridículo a cuestas (hecho que él mismo demoraría un par de semanas en notar) y exhibiendo al país una de las máximas vergüenzas ajenas que se han visto por la señal abierta.

Hace algún tiempo, apareció un cantante chileno con un aire, bien lejano eso sí, a Elvis Presley. René de la Vega saltó relativamente a la fama por un par o tres canciones evidentemente espantosas para todo el mundo menos para él. La vergüenza ajena parece intensificarse cuando el aludido no tiene la propia y se cree el cuento casi sin ningún mérito. Casi, porque su mérito era increíblemente hacer el ridículo sin saberlo o no querer saberlo. Según él iba a hacerse una carrera musical internacional con un par de temas que no pegaban ni juntaban por ninguna parte. Al fin desapareció, cayendo por su propio peso. Qué falta le hizo YouTube a René por esos años. Hace poco, vi una grabación en el popular sitio de videos acerca de un ecuatoriano que se hace llamar "Delfín" (¿o realmente se llama así?). El tipo cantaba en el video una canción dedicada a las "Torres Gemelas" abatidas por sendos aviones como todos ya sabemos. Yo no sé cómo será la música popular en Ecuador, pero acá por lo menos la canción es horripilantemente mala y el video igual o peor. Es que lo ridículo, lo avergonzante, por estos días en la Internese, es lo que la lleva. La vergüenza ajena es más agradable que la propia. A Delfín lo han entrevistado en el Clinic, pero el pobre no sabe de las entrevistas freak del Clinic. A Delfín le hacen una supuesta campaña para traerlo a Chile, y él responde en un nuevo video YouTube, pero el ingenuo no sabe que es para ponerlo más en ridículo y de traerlo sería como para ir a ver a algún fenómeno de circo.

Casos hay muchos. Como Yasuri, que hace parecer a los flaites de por acá como verdaderos gentlemen. Como un gordito que un día aburrido tomó un mango de escoba y se creyó Darth Maul sin saberse grabado y difundido a nivel global. Como el otro gordito que grabó su propia versión de su canción favorita sin saber que los discos duros son bien vulnerables en la red. Como el chino que va a un concurso de canto, canta peor que como el orto, pierde, graba un disco con su pésima voz y gana más que el ganador del concurso, gracias a su ridícula voz. Es que no falta de quien reírse. Hasta que llegue el día en que la vergüenza sea propia, claro.

 
 


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